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Alianza del Pacífico: lo que es vs. lo que quisiéramos que fuera

28 de Agosto de 2018

Este acuerdo comercial ha sido muy elogiado por la academia y por los medios, ¿pero qué tanto ha hecho en realidad, para qué le ha servido a Colombia y que pasará con el cambio de gobierno en dos de los cuatro países miembros?

Carolina Urrego Sandoval*

La imagen y los logros


La idea de la integración regional en Latinoamérica funciona tanto ante ambientes internacionales favorables como ante ambientes adversos. La retórica integracionista no desaparece sino que se adapta o se transforma ante las alzas y las bajas en la economía mundial y en las perspectivas que de ellas se derivan para nuestra región.  

En el contexto actual -determinado por el proteccionismo del gobierno Trump y la reconfiguración de las relaciones comerciales globales-, la Alianza del Pacifico (AP) aparece como una oportunidad para impulsar el libre comercio en la región. Pero esta oportunidad es tan prometedora como incierta.

Desde su lanzamiento en 2011 la AP ha recibido gran atención mediática y académica al presentarse como una iniciativa de integración sui generis. Según su página oficial,  la alianza se propone “promover la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas; así como convertirse en una plataforma de integración económica y comercial con una proyección hacia la región Asia-Pacífico”.

Si bien es innegable que la AP se diferencia de las anteriores estrategias de integración, acuerdos, e iniciativas regionales, no es menos cierto que algunos de sus logros han sido sobrevalorados por la academia y la opinión pública. Este es el caso de los programas  de movilidad académica y profesional (becas, convalidación de títulos, exención de visas), el del aumento en el número de visitantes entre los países miembros,  o el de las reuniones de alto nivel entre los gobiernos.  

Más concretamente cabría decir que la AP ha sido valorada en función de sus resultados potenciales, pero que aún no es un instrumento o un modelo exitoso para aumentar la competitividad y acelerar el crecimiento económico o el desarrollo de los países miembros.

La popularidad  de la alianza se debe en gran medida a que, en vez de presentarse como un proyecto grandioso de integración continental o de unidad política (en el estilo, digamos,  de la Unión Europea), esta iniciativa optó por un enfoque pragmático de facilitación del intercambio comercial.  A esto se ha sumado la cooperación política cristalizada en cumbres presidenciales periódicas que, gracias al intenso cubrimiento mediático, han llamado la atención del público global.

Faltan países

No se trata de desconocer el potencial de la AP, sino de reconocer que no necesariamente refleja o se adecua a las realidades geográficas y económicas de la región pacífica.  

Desde un comienzo la alianza se presentó como un proyecto de ruptura, que parecía ahondar diferencias ideológicas entre los países latinoamericanos, y así lo indicaba el hecho de que sus fundadores omitieran a Ecuador y a los seis países centroamericanos entre Colombia y México con costas en el Pacífico.

Posteriormente, Costa Rica y Panamá iniciaron un proceso de adhesión que se ha estancado, mientras que el gobierno de Lenin Moreno en Ecuador ha decidido buscar una membresía asociada. Brasil tampoco fue incluido, pese a ser la economía más grande de la región y el país que, sin firmar tratados de libre comercio, logró convertirse en el mayor socio comercial de Asia en Sudamérica, características fundamentales que debería considerar cualquier proyecto de integración con la región de Asia y el Pacífico.

Por supuesto que las metas ambiciosas que se ha propuesto la AP requerirían compromiso efectivo, esfuerzo denodado y mucho tiempo. Si bien habrá coincidencias entre los países miembros, también habrá diferencias serias entre ellos y, por ende cada paso debe ser examinado de manera separada. A continuación, exploraré cuatro elementos importantes para el caso de la AP en general y de Colombia en particular.

Cómo le ha ido a Colombia

La AP es una iniciativa enfocada en el comercio y la inversión. Por eso optó por reducir el 92 por ciento de los aranceles y tiene acuerdos que prometen reducir el 8 por ciento restante en el mediano plazo.

Pero a pesar de esas medidas, ningún miembro es todavía uno de los principales socios comerciales de los demás miembros. Esta situación no cambiará pronto porque todos los países miembros cuentan con una oferta exportadora similar -además de que las limitaciones de infraestructura dificultan el avance de las llamadas cadenas de valor-.

Por otra parte, la AP ha combatido los obstáculos técnicos al comercio (OTC). Su intención  principal es reducir los tiempos y costos de los trámites en las operaciones comerciales de doble vía, es decir, de exportaciones e importaciones. Esto plantea un interrogante básico:   ¿qué tanto estamos exportando? La gráfica siguiente presenta la balanza comercial de Colombia con los países de la AP desde el año 2010:
 

El saldo de Colombia frente a Perú y Chile ha sido positivo, pero nuestras exportaciones   han disminuido desde la entrada en vigencia de la Alianza. Y esta ventaja -ligera y decreciente- ha sido claramente superada por el saldo negativo frente a México; una situación que además podría agravarse si este país reduce su comercio con Estados Unidos. 

Por otra parte, se suponía que el ingreso de Colombia a la AP nos llevaría a otras alianzas como el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) y la Asociación Transpacífica (CPTPP). Sin embargo, la existencia de la AP no ha mermado el interés de países asiáticos en negociar acuerdos bilaterales con cada uno de los cuatro miembros. De hecho, Chile y Perú ya cuentan con acuerdos de libre comercio con China, que también ha manifestado su interés en negociar con México. Por su parte, Colombia tiene un TLC con Corea, que entró en vigencia en 2016 y una negociación con Japón que continua inconclusa.

Gobiernos nuevos, enfoques diferentes

La elección de Iván Duque en Colombia y Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en México plantea serias inquietudes sobre el futuro de la AP –y puesto que su avance ha dependido sobre todo del apoyo de los presidentes-.

Los nuevos mandatarios sin duda juzgarán la utilidad de la AP la luz de sus objetivos internos y posiblemente como un legado de sus predecesores. Como presidentes electos, Duque y AMLO declinaron la invitación a la XIII Cumbre de la Alianza en Puerto Vallarta el pasado mes de julio. La cumbre se ocupó de dos asuntos: la unión con Mercosur y la modernización del bloque.

Si bien AMLO ha afirmado que “la mejor política exterior es la interior”, su gobierno enfrenta grandes retos internacionales. Quizás el más espinoso será lidiar con Estados Unidos, su mayor socio comercial, y renegociar –junto con Canadá– el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), el cual ha sido fuertemente criticado por Trump.

En los últimos años México ha mejorado sus relaciones comerciales con el Pacifico y la Unión Europea, socios que serán fundamentales si sus exportaciones a Estados Unidos se reducen (hoy este mercado representa el 80 por ciento del total para México). Por lo tanto, pese a sus afirmaciones,  AMLO no podrá ocuparse únicamente de la política interior.

Por su parte, el presidente Duque anunció el esperado retiro de Colombia de UNASUR y aseguró que su gobierno no negociará nuevos tratados de libre comercio. Esta orientación  fue confirmada por su ministro de Comercio, Industria y Turismo, José Manuel Restrepo,  quien declaró que el gobierno pondrá en marcha una campaña de aprovechamiento de los 16 TLCs  que Colombia tiene vigentes para acceder a más mercados y atraer más inversión extranjera. Por lo tanto es necesario explorar estrategias de productividad y competitividad que permitan a distintos sectores beneficiarse de dichos acuerdos.

Negociaciones en curso


La decisión de no firmar más TLC suscita interrogantes sobre la posición que asumirá Colombia frente a las actuales negociaciones con Singapur, Australia, Nueva Zelanda, y Canadá en el marco de la AP. Desde sus inicios han transcurrido cinco rondas de negociación donde se han discutido asuntos como el comercio de bienes, servicios, inversión, propiedad intelectual, compras públicas, y comercio electrónico.

La negociación con Nueva Zelanda ha causado malestar en los sectores de lácteos y carnes, porque este país es uno de los mayores productores en el mundo. Esto implica que, de firmarse el acuerdo, los productores colombianos no estarían en condiciones de competir con los precios de los productos importados.

Dado el actual panorama internacional, no resultaría extraño que Colombia abandonara las negociaciones en curso.

Finanzas e impuestos

Suele decirse que el aumento de las inversiones entre los países miembros ha sido uno de los grandes logros de la AP. Pero debe notarse que después de su creación, el Mercado Integrado Latinoamericano (MILA) ha perdido su impulso debido a la falta de liquidez y a la alta volatilidad de capital. La caída de los precios del petróleo y la desaceleración de la economía China afectaron a varias firmas públicas del MILA en 2015.

Adicionalmente, si bien se han presentado avances normativos en términos de integración financiera, aún es necesario contrastar estas afirmaciones con datos puntuales sobre flujos entrantes y salientes, cobertura cambiaria, desarrollo del sector Fintech (o tecno-financiero),  administración de los bonos para la gestión de riesgo y homologación de política tributaria de las naciones participantes.

En conclusión, la AP brilla menos de lo que parece a simple vista y, por ende, es fundamental examinarla críticamente por lo que es, no por lo quisiéramos que fuera.


* Ph.D. en Economía Política Internacional, M.A. en Estudios Internacionales, B.A. en Negocios Internacionales, profesora asistente del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes.

Fuente: Razón Publica